"Enseñando se aprende", con esta gran frase puedo decir que no hay una separación clara entre enseñar y aprender,
porque enseñando también se aprende. Los niños son capaces de aprender cualquier
cosa que les interese y llame la atención sin necesidad de recibir ninguna
instrucción gracias a su ingenio y creatividad. Son los adultos los que en
muchas ocasiones creo que limitan su aprendizaje y les apartamos de las cosas
que realmente les interesan. Por tanto pienso que en la mayoría de las
ocasiones el profesor debe retraerse y dejar experimentar al niño, dando
únicamente las orientaciones que precise y proporcionándole experiencias
significativas que favorezcan el aprendizaje.
Para
aprender enseñando es necesario promover un aprendizaje bidireccional, donde
los estudiantes puedan interaccionar entre sí, preguntar libremente, sugerir
temas… un profesor que más que frente a sus alumnos esté a su lado,
acompañándolos en su proceso e aprendizaje y formando parte del mismo, es un
profesional que aprende con ellos y por lo tanto, tiene mayores oportunidades
de vivir la profesión de una forma más atractiva, a modo de reto, permitiéndole
la actualización del conocimiento y la satisfacción docente.
Si sabemos
que enseñar puede ser una buena manera de aprender, ¿por qué no organizamos la educacion de forma que los estudiantes
tengan oportunidades de aprender enseñando a sus compañeros? Se trata de ofrecer oportunidades a los
estudiantes para que, aprovechando sus diferencias, aprendan enseñándose unos a
otros. Se trata de convertir las aulas en comunidades de aprendices donde los
estudiantes no sólo aprenden de la ayuda del profesor, sino también de la ayuda
mútua que se ofrecen. Con esto no sólo tendremos aulas con más oportunidades de
aprendizaje para todos, incluidos los profesores, sino que además,
capacitaremos a los estudiantes para que enseñen a lo largo de su vida. ¿Cómo
vamos, sino a construir una sociedad del aprendizaje?.
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